Guía básica para emprendedores con más de cuarenta años

diego/ diciembre 1, 2016/ Emprendimiento/ 0 comentarios

Emprender es una tarea complicada, y lo es más aún cuando, sin experiencia previa en el trabajo por cuenta propia se apuesta por lanzarse al vacío como ocurre la mayoría de las veces que, pasados los cuarenta años, se decide probar suerte con la puesta en marcha de un negocio.

Una realidad que se ha venido haciendo grande desde el inicio de la crisis y que, sin un colchón de dinero para invertir y para ir tirando de él mientras llegan los resultados, puede convertirse en una auténtica pesadilla para cualquier familia.

Es por eso que, además de este colchón para invertir y para ir sobreviviendo con los gastos familiares propios de cada mes que deberemos guardar en paralelo a la cantidad de inversión, será capital detectar qué oportunidades pueden resultar ser una verdadera distracción y cuál será la necesidad detectada y que tenemos el convencimiento seremos capaces de gestionar de manera que resulte atractiva a nuestros clientes potenciales.

Debes saber también que, como aseguran muchos expertos, es importante que para tu primera apuesta establezcas suelos de inversión, gastos y también de pérdidas, por lo que la fata de experiencia suele acabar por hacerse presente antes que después en las primeras aventuras empresariales.

Sucumbir al pánico en momentos de crisis, querer que todo salga a la perfección, apostar por profesionales que no responden a tus expectativas e invertir por encima del suelo de gasto son algunos de los errores más comunes y peligrosos a los que te enfrentarás.

En cualquier caso, hay algunos puntos que deben ser sagrados para emprender en la madurez y no morir en el intento y el primero de ellos pasa por recortar al máximo tu partida de gastos. Eso no implica convertirse en una persona agarrada, pero tampoco en un malgastador. Encontrar ese punto de equilibrio será imprescindible para no trastocar el plan financiero de la empresa.

Sin inversión no hay crecimiento, pero con inyecciones desmesuradas en partidas que se pueden ajustar es igual de peligroso. Es muy posible que tengas la tentación de dedicar parte de sus ahorros a algunos caprichos personales o familiares, pero si vas a emprender quizás debas dejar esos deseos apartados durante un tiempo.

Otro punto que no podemos dejar de repetir aquí es el que hace referencia a la formación empresarial de todo emprendedor. Eso no significa apuntarse a todos los cursos de coaching y de economía que veas a tu paso, sino más bien informarte, estudiar y practicar tus habilidades como vendedor, ya que será aquí donde te juegues el verde.

Ser un buen vendedor en tu actividad es lo único que te garantizará el éxito, por lo que no lo dudes e invierte en tu propio futuro… a la vez que lo haces en tu empresa.

En un principio no debes invertir en gastos evitables que adornen tu proyecto y sí hacerlo en lo que te permita echar a andar de la mejor manera y empezar a recibir feedback de tus clientes. Luego ya llegará el momento de abrir tu web, invertir en marketing y, si todo empieza a andar en condiciones, apostar por cada detalle hasta convertir tu empresa en lo que querías cuando todo estaba únicamente sobre el papel.

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